El Gran Barril de Naciones: el nuevo restaurante del Grupo Oter que conquista Campo de las Naciones y Conde de Orgaz
El nuevo restaurante de Grupo Oter lleva a Campo de las Naciones su apuesta por el producto, los pescados, mariscos y arroces. Y después de probarlo tenemos claro que el sello de la casa sigue intacto.
Hay restaurantes que necesitan tiempo para demostrar quiénes son. Y otros que, desde el primer momento, dejan bastante claro de dónde vienen. El Gran Barril de Naciones pertenece a los segundos.
La nueva apertura de Grupo Oter en Campo de las Naciones, cerca de IFEMA, nos despertaba cierta curiosidad ¿sería un genuino Gran Barril?.
Conocíamos bien El Barril, El Gran Barril y, sobre todo, Gerardo, así que queríamos comprobar si este nuevo local mantenía aquel sello que tan familiar nos resulta. Después de haber ido a conocerlo, no tenemos dudas: lo reconocemos desde el primer bocado, en la calidad del producto, en el servicio y en esa agradable sensación de familiaridad que también aquí se respira.
El producto manda
La filosofía es la habitual del grupo: producto de primera, cocina de corte tradicional y una sala profesional. En Naciones, como no podía ser de otra forma, el protagonismo recae especialmente en los productos del mar: mariscos de lonja, pescados frescos y arroces. La propia casa habla de pescados de anzuelo y mariscos seleccionados diariamente, una apuesta que se refleja también en una carta con ostras, gambas, carabineros, centollo, almejas o berberechos.
Y aquí está, para nosotros, lo más importante: la gran materia prima se nota.
Pero no basta con comprar buen producto. Hay que cocinarlo bien. Y en nuestra visita nos encontramos precisamente con eso: elaboraciones en las que el punto de cocción está al servicio del producto, sin intentar disfrazarlo ni convertirlo en otra cosa.
Es una de las grandes virtudes de los restaurantes de Oter y también una de las razones por las que El Gran Barril de Naciones nos ha convencido.
En la carta hay clásicos como la merluza de pincho a la bilbaína, el rodaballo a la donostiarra, el lenguado salvaje o pescados preparados a la sal. Y los arroces, una de las señas de identidad del grupo, tienen también un papel importante, con opciones como el arroz del señorito, el arroz negro o el de carabineros.
Un Gran Barril en Naciones
Quizá el principal reto de esta apertura era precisamente la ubicación. Campo de las Naciones y Conde de Orgaz no son Goya ni la Don Ramón de la Cruz. El entorno es diferente y también lo podría ser el tipo de público.
Sin embargo, hay algo que hace que el restaurante resulte familiar desde que uno se sienta a la mesa: El producto.
Y también los clientes. Durante nuestra visita tuvimos esa agradable sensación de familiaridad que encontramos en otros establecimientos del grupo: gente que parece saber perfectamente dónde está y qué ha venido a buscar.
El restaurante ocupa cerca de 500 metros cuadrados, con diferentes ambientes, tres terrazas y grandes cristaleras que dan al Parque Juan Pablo II. Es un espacio luminoso y amplio, pensado tanto para una comida tranquila como para celebraciones o encuentros de grupo.
Además, mantiene algunas de las señas de identidad de Oter que contribuyen a construir esa experiencia: el producto expuesto en sala, el corte de jamón y salmón frente al cliente y una atención muy pendiente de la mesa.
Una sala que sabe hacer su trabajo
Y aquí hay que detenerse también en el servicio.
Es profesional. Sin aspavientos, sin excesos y con ese conocimiento de la sala que uno espera encontrar en un restaurante de estas características. Es otro de los puntos en los que El Gran Barril de Naciones demuestra que forma parte de la familia Oter.
La experiencia se completa con una bodega de alrededor de 150 referencias, diseñada por Gema Gordon, sumiller del grupo, y una propuesta de postres elaborados en el propio restaurante que recupera algunos clásicos de la restauración tradicional, como la Tarta Alaska, el Soufflé de Grand Marnier o el Strudel de piña.
¿Merece la pena ir hasta Campo de las Naciones?
Sí. Sobre todo si lo que buscamos es una buena marisquería, un pescado de calidad o uno de esos arroces que justifican sentarse a comer sin prisas.
El Gran Barril de Naciones no pretende reinventar la cocina marinera. Tampoco lo necesita. Su apuesta es otra y, a nuestro juicio, funciona: producto excelente, cocina que respeta ese producto, servicio profesional y el sello reconocible de Grupo Oter.
Después de haber conocido el nuevo restaurante, podemos decirlo: teníamos nuestras dudas antes de ir. Ya no las tenemos.
El Gran Barril de Naciones es, efectivamente, un Gran Barril.
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