MalaFlama: tu barbacoa privada en Valdebebas
No es exactamente un restaurante, ni un «txoko» al uso. MalaFlama propone algo intermedio: una sala privada, una excelente pieza de carne, una parrilla de gas y tiempo para disfrutar con quien hayas elegido. Y, por nuestra experiencia, funciona.
En Valdebebas, MalaFlama ha creado un concepto gastronómico poco habitual en Madrid. La idea parte de algo tan sencillo como reunirse alrededor de una barbacoa, pero trasladándolo a un espacio muy cuidado y confortable donde no hay que preocuparse de comprar, preparar, limpiar ni recoger.
La diferencia está en que la parrilla forma parte de la experiencia. Cada grupo dispone de una sala privada equipada con parrilla profesional y proyector, y puede elegir la carne y cocinarla a su gusto o dejar que lo haga un parrillero profesional. Hay hasta cinco salas disponibles, que tienen capacidad para hasta diez personas, y pueden conectarse entre sí para grupos más grandes.

Un sitio para mucho más que comer
Esta configuración hace que MalaFlama tenga una ventaja evidente: se adapta muy bien a distintos tipos de planes.
Una comida o cena con amigos, una celebración familiar, una reunión de trabajo o, sencillamente, una comida para disfrutar sin más. Y también es un sitio especialmente interesante para quienes quieren ver deporte o espectáculos mientras comen: las salas cuentan con proyector y pantalla individuales.
Nosotros lo hemos probado y lo recomendamos especialmente para ese tipo de encuentros en los que importa tanto lo que ocurre alrededor de la mesa como lo que llega al plato. Ver un partido de LaLiga o Champions, seguir una carrera de Fórmula 1 o reunirse con amigos adquiere aquí un punto diferente.
La carne es la protagonista
La propuesta gastronómica gira alrededor de carnes premium de origen nacional, algunas reconocidas en el World Steak Challenge, que el cliente puede elegir directamente en las cámaras de maduración del establecimiento. La experiencia se completa con quesos, embutidos y conservas de productores artesanales.
Y aquí está una de las claves del concepto: no vienes simplemente a pedir un chuletón. Puedes participar en todo el proceso, decidir el punto y cocinarlo tú mismo, con el apoyo del equipo si lo necesitas.
La atención es, además, uno de los puntos que más nos gustaron. El servicio es muy atento y cercano, pero sin resultar invasivo, algo especialmente importante en un concepto en el que el cliente tiene bastante protagonismo.
Una bodega para descubrir vinos diferentes
Otro de sus atractivos es la bodega. Hay más de 50 referencias, con especial atención a pequeñas bodegas, proyectos independientes y ediciones limitadas. Algunas producciones son de menos de 5.000 botellas.
Y eso nos parece especialmente interesante: no es la típica carta de vinos en la que encuentras únicamente las etiquetas más conocidas. Hay referencias menos habituales que merece la pena descubrir y que funcionan especialmente bien con una propuesta basada en carnes.
¿Nuestra única sugerencia?
Si tuviéramos que pedirle algo a MalaFlama para completar la ya de por sí fantástica experiencia, sería ampliar ligeramente la oferta gastronómica.
El protagonismo de la carne está claro y forma parte de la identidad del proyecto, pero creemos que una mayor variedad de entrantes, determinadas carnes más suaves y alguna opción de pescado, además de algún postre adicional permitirían que el concepto funcionase todavía mejor para grupos con gustos diferentes.
No lo vemos como un problema del concepto, sino como una oportunidad para hacerlo todavía más apto para todos los públicos.
Una relación calidad-precio que nos parece acertada
El precio medio oscila entre 40 y 100 euros por persona, dependiendo de la elección de los entrantes, las carnes, los vinos, etc.
Después de probarlo, nos parece una relación calidad-precio muy adecuada para lo que ofrece, especialmente teniendo en cuenta que no estamos hablando únicamente de comer: se trata de una sala privada a tu disposición sin límite de tiempo (comida o cena), parrilla solo para ti, producto de gran calidad, servicio excelente y una experiencia pensada para compartir.
Y precisamente ahí está, para nosotros, el principal atractivo de MalaFlama: es un sitio al que puedes ir por la carne, pero que probablemente recordarás por el plan.
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