Escapada gastronómica de fin de semana en Santander
Hay ciudades que se descubren, principalmente, visitando sus monumentos y otras que se entienden mucho mejor si también nos sentamos alrededor de una mesa. Santander pertenece a este segundo grupo. Basta pasar un par de días en la ciudad para darse cuenta de que aquí el aperitivo sigue siendo un ritual, que las barras continúan marcando el pulso del centro y que muchas de las mejores conversaciones empiezan con un vermú y terminan frente al mar.
Por eso, en lugar de elaborar una lista de restaurantes, hemos preferido hacer algo mucho más útil: organizar una ruta gastronómica para quienes visitan Santander por primera vez y quieren conocer algunos locales un poco diferentes de los que siempre habla todo el mundo. Un recorrido pensado para un fin de semana corto, con paradas que encajan de forma natural en el viaje y que permiten conocer la ciudad mientras se disfruta de algunos de sus locales más recomendables.
Ésta es la ruta que proponemos.
Viernes por la noche: tres bares para empezar a entender Santander
Después de instalarte en el hotel, no hace falta complicarse demasiado. El centro de Santander invita a caminar y a dejarse llevar. En apenas diez minutos puedes recorrer el Paseo de Pereda, asomarte a los Jardines y llegar hasta la calle Hernán Cortés enlazando algunas de las barras con más personalidad de la ciudad.
Nuestra recomendación es empezar por Las Hijas de Florencio, continuar en Cortés y terminar la noche en la Vermutería Solórzano; juntos dibujan una manera muy santanderina de empezar el fin de semana.
En Las Hijas de Florencio merece la pena dejar que el tiempo pase despacio. Este emblemático establecimiento ha vuelto a abrir sus puertas manteniendo intacto el espíritu que lo convirtió en una referencia para generaciones de santanderinos: el bar de toda la vida. Su interior gira alrededor de dos barras —una redonda y otra cuadrada— que articulan la vida del local, mientras que sus terrazas, una lateral y otra situada frente al Paseo Pereda y al mar Cantábrico, lo convierten en uno de los lugares más apetecibles del verano.
Su propuesta gastronómica apuesta por el tapeo clásico y reconocible: huevos rellenos, ensaladilla en formato marinera, croquetas, tortillas, laterío, embutidos, tostas o las tradicionales lascas de parmesano que forman parte de la identidad de la casa. Todo ello acompañado por una amplia selección de vinos por copas y cerveza, pensada para continuar con una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad: la hora del aperitivo.
A pocos pasos aparece Cortés, con un ambiente más contemporáneo y una cocina pensada para alargar el aperitivo hasta convertirlo en cena. La carta mezcla recetas tradicionales con guiños a la cocina mexicana de la chef Cristina Bada, una combinación que funciona especialmente bien cuando se comparte en grupo: Tacos de cochinita pibil, margaritas, tequilas y mezcales comparten protagonismo con propuestas como el bikini ibérico Cortés, el brioche de carne, las croquetas o la ensaladilla
Y nuestra tercera propuesta para el viernes por la noche es Vermutería Solórzano. Más de ochenta años después de su apertura, sigue siendo uno de esos lugares donde el vermú continúa teniendo el protagonismo que merece. Si buscas un sitio con personalidad, merece la pena reservarle un buen rato.
Un local que abrió sus puertas en 1940, esta vermutería es uno de los grandes puntos de encuentro y una referencia de esta bebida en la ciudad. Con más de cien referencias de vermut, incluido su propio Vermut Sagrado elaborado con Pedro Ximénez, Solórzano mantiene intacta la cultura del aperitivo a través de clásicos como las rabas o los caracolillos.
Su barra conserva una de las huellas más reconocibles del local: la marca sobre la madera producida durante años por el deslizamiento de los vasos al servirlos. Un pequeño detalle que resume perfectamente el carácter de un establecimiento donde tradición y vida social van de la mano. Así lo demuestra su decoración, con maquetas marineras, imágenes deportivas y figuras religiosas.
Reconocido con un Solete Repsol en 2023, sigue siendo uno de esos lugares que ayudan a explicar la identidad gastronómica de Santander.
Un precioso paseo que termina con un gran arroz
Caminar desde el Centro de la ciudad por el Paseo de Pereda, sus jardines y Puertochico, adentrarse en las calles en cuesta que nos llevan por Canalejas y Los Pinares hasta la segunda playa del Sardinero y continuar hasta el Mirador de Cabo Menor, con regreso por las playas del Sardinero, la Concha y la del Camello es uno de esos paseos que justifican por sí solos una escapada a Santander. La bahía acompaña durante buena parte del recorrido y, poco a poco, el paisaje urbano y las diferentes playas dejan paso a uno de los rincones más reconocibles de la ciudad: la Península de la Magdalena.
Allí, entre las playas de la Magdalena y la de los Bikinis, frente a la Isla de la Torre, espera el restaurante terraza Balneario de La Magdalena: Un restaurante con alma de chiringuito.
Desde las 10.00 h, la barra ofrece desayunos, entre ellos el pincho de tortilla, ya convertido en uno de sus bocados más emblemáticos, además de aperitivos para antes o después de bajar a la playa. La terraza, amplia y situada en primera línea, permite una comida más desenfadada frente al arenal, mientras que el comedor interior ofrece una experiencia más pausada, con grandes ventanales que mantienen la playa siempre a la vista.
Su ubicación ya justificaría la visita, pero la cocina ofrece una razón más para detenerse.
Su propuesta gastronómica rinde homenaje al producto del Cantábrico. Entre los entrantes para compartir aparecen platos como el pastel de cabracho, acompañado de salsa tártara y láminas de pan sardo, la ensaladilla rusa, las rabas crujientes del Cantábrico o los mejillones en salsa. ¿Nuestra recomendación para este verano? El salmorejo con helado de tomate ¡delicioso y muy refresabte!
La especialidad de la casa son los pescados y los arroces. Entre los primeros destacan la merluza del Cantábrico en salsa marinera con almejas o el cachón guisado al estilo tradicional, con arroz blanco, ajo y perejil. Los arroces, uno de esos platos que siempre apetecen frente al mar, se preparan en distintas versiones: abanda, con calamar y sepia; marinero, con rape, mejillones y colas de langostinos (¡nuestro favorito, sin duda!); de almejas, con receta tradicional de estilo cántabro; de carrillera, con guiso de setas y boletus; y meloso de carabineros y almejas finas.
La propuesta se completa con algunas carnes, como la presa ibérica con crema de boniato, cebollitas y setas glaseadas, o el entrecot de vaca madurada con patatas y pimientos.
Entre los postres destaca la tarta de queso, junto al flan de huevo al caramelo, el sorbete de limón al cava y una variedad de helados.
Aquí recomendamos regalarse una sobremesa.
El mejor desayuno para empezar el domingo
La mañana siguiente empieza mirando al mar.
Antes incluso de entrar al Centro Botín, recomendamos hacer una parada en el Café Centro Botín. Su ubicación, abierta a la bahía y conectada con los Jardines de Pereda, convierte el desayuno en parte de la experiencia. No es solo un buen lugar para tomar un café, unas tostadas o el casi obligado pincho de tortilla relleno que tanto gusta a los santanderinos: es uno de esos sitios donde merece la pena sentarse unos minutos para ver cómo despierta la ciudad – y en los que la carta es amplia y cubre la jornada completa, más allá del desayuno-.
Después, el propio Centro Botín, el paseo marítimo o el Mercado del Este quedan a apenas unos pasos, así que el desayuno se convierte en el mejor punto de partida para seguir descubriendo Santander.
Qué otros locales apuntar para la próxima visita
Una de las ventajas de Santander es que siempre deja motivos para volver.
Si esta primera ruta te sabe a poco, hay otros locales que merece la pena guardar para una próxima escapada.
La histórica Bodega El Riojano es una de esas direcciones imprescindibles para entender la cocina tradicional santanderina. Bar Pepe, en Somo, es una magnífica parada después de una mañana de playa, especialmente por su ambiente desenfadado y sus bocadillos. Y propuestas como Kandela, Pan de Cuco, Primera Vaca o La Carnaza permiten seguir descubriendo la diversidad gastronómica de Cantabria desde perspectivas muy distintas.
Nuestra ruta, de un vistazo
Si solo dispones de un fin de semana para descubrir Santander, ésta es la ruta que recomendamos:
Viernes por la noche
Las Hijas de Florencio → Cortés → Vermutería Solórzano.
Sábado al mediodía
Paseo hasta la Península de La Magdalena y comida en el Balneario de La Magdalena. Si hay un plato que merece la pena reservar, ése es el arroz marinero.
Domingo por la mañana
Desayuno en el Café Centro Botín antes de recorrer el Paseo de Pereda y visitar el Centro Botín.
¿Te quedan ganas de más?
Guarda para tu próxima visita Bodega El Riojano, Bar Pepe (en Somo), Kandela, Pan de Cuco o Primera Vaca.
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Pablo Benavente, director ejecutivo de La Guía del Ocio






