Benicàssim, mucho más que un destino de verano: naturaleza, gastronomía y escapadas frente al Mediterráneo

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Vacaciones

Cuando alguien menciona Benicàssim, lo habitual es pensar en playas, festivales de música y vacaciones de verano. Es lógico: el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) y el Rototom Sunsplash han convertido esta localidad castellonense en un referente estival.

Pero quedarse con esa imagen es perderse una parte esencial de su personalidad.

Benicàssim es uno de esos destinos que sorprenden cuando termina el verano. Con un clima suave durante buena parte del año, un paseo marítimo histórico, espacios naturales protegidos, una excelente oferta gastronómica y un patrimonio ligado a la Belle Époque, la localidad invita a regresar en otoño, invierno o primavera para descubrir una versión mucho más tranquila y auténtica.

Un paseo por el Benicàssim más elegante

Uno de los grandes símbolos de Benicàssim es la Ruta de las Villas, un recorrido junto al mar que transporta al visitante a finales del siglo XIX y principios del XX.

Durante aquella época, familias acomodadas de Valencia y Castellón levantaron elegantes residencias de veraneo frente al Mediterráneo. Aquellas construcciones dieron origen al sobrenombre de «el Biarritz valenciano», una denominación que todavía hoy acompaña a la localidad.

Entre todas ellas destaca Villa Elisa, probablemente el edificio más conocido del conjunto. Rodeada por jardines y convertida en espacio cultural, acoge exposiciones, conciertos y actividades durante buena parte del año.

Pasear por el Paseo Pilar Coloma, especialmente al amanecer o al atardecer, es una de esas experiencias que permiten entender por qué Benicàssim fue uno de los primeros destinos turísticos de la costa mediterránea.

Entre el mar y la montaña

Pocas localidades permiten pasar de la playa a la montaña en apenas unos minutos.

El Parque Natural del Desert de les Palmes ofrece más de 3.000 hectáreas de naturaleza con senderos de diferentes niveles, miradores sobre el Mediterráneo, restos de castillos medievales y antiguos monasterios carmelitas.

El otoño y el invierno son probablemente las mejores estaciones para recorrer este espacio protegido. Las temperaturas son mucho más agradables que en verano y las vistas sobre toda la costa de Castellón resultan espectaculares.

La Vía Verde del Mar, un paseo imprescindible

Otro de los grandes atractivos de Benicàssim es la Vía Verde del Mar, un recorrido de algo más de cinco kilómetros que une la localidad con Oropesa del Mar siguiendo el antiguo trazado ferroviario.

Se puede realizar caminando o en bicicleta y atraviesa calas, acantilados y antiguos túneles ferroviarios con magníficas vistas al Mediterráneo.

Es uno de los planes más recomendables para cualquier época del año y especialmente atractivo cuando desaparecen las aglomeraciones del verano.

Las playas también se disfrutan cuando no es verano

Las playas de Benicàssim no pierden su encanto cuando termina la temporada de baño.

Caminar por la orilla, practicar deporte, contemplar el amanecer o simplemente sentarse frente al mar son experiencias que adquieren un ritmo completamente distinto durante los meses de otoño e invierno.

Entre todas ellas destaca la Playa Voramar, una de las más tranquilas de la localidad, distinguida con Bandera Azul, la certificación ISO 14001 y la Q de Calidad Turística. Su entorno residencial, las villas históricas y el paseo marítimo la convierten en una de las zonas con más encanto del municipio.

Una gastronomía con sabor a Mediterráneo

Hablar de Benicàssim también es hablar de cocina mediterránea.

Los arroces, los pescados frescos, los mariscos y el producto de proximidad forman parte de una oferta gastronómica que se disfruta especialmente fuera de la temporada alta, cuando resulta más sencillo reservar mesa y vivir la experiencia con calma.

Muchos restaurantes adaptan además sus cartas al producto de temporada, haciendo que cada visita tenga un carácter diferente.

Dónde alojarse para descubrir Benicàssim con calma

Si la idea es conocer Benicàssim más allá del verano, merece la pena buscar un alojamiento que permita olvidarse del coche y recorrer la localidad caminando.

Una de las mejores opciones es el Hotel Voramar, situado en primera línea de la Playa Voramar y abierto los 365 días del año. Nacido en 1930 como restaurante y casa de baños antes de convertirse en hotel, forma parte de la propia historia turística de Benicàssim y ha sabido evolucionar manteniendo su personalidad.

Su ubicación permite acceder a pie a la Ruta de las Villas, al paseo marítimo, a la playa y a buena parte de los principales atractivos del municipio, convirtiéndolo en una excelente base para una escapada de fin de semana o unas vacaciones más largas.

Un restaurante para saborear el destino

El viaje también se disfruta alrededor de una mesa.

Dentro del propio hotel, el Restaurante AMAR propone una cocina mediterránea de temporada basada en el producto local y el kilómetro cero, con especial protagonismo para los arroces, los pescados y el marisco. Todo ello con vistas al Mediterráneo y un ambiente tranquilo que invita a alargar la sobremesa.

El Grupo Voramar completa la experiencia con la Terraza Voramar, situada literalmente sobre la arena y perfecta para desayunos o comidas informales durante la temporada, y con el Restaurante Torreón, junto a la Torre de Sant Vicent, abierto durante todo el año y pensado para cualquier momento del día.

El último cuatrimestre es el gran secreto de Benicàssim

Si hubiera que recomendar una época especialmente agradable para visitar Benicàssim, muchos habituales elegirían precisamente la comprendida entre septiembre y diciembre.

Las temperaturas siguen siendo suaves, el Mediterráneo continúa marcando el ritmo de la vida local y el municipio recupera una tranquilidad difícil de encontrar durante los meses estivales.

Es el momento perfecto para recorrer la Ruta de las Villas sin prisas, descubrir el Desert de les Palmes, caminar por la Vía Verde, disfrutar de largas comidas frente al mar o aprovechar las propuestas culturales y festivas que mantienen vivo el calendario local durante todo el año, desde las fiestas patronales de septiembre hasta las celebraciones de invierno.

Un destino que siempre merece una vuelta

Quizá Benicàssim siga siendo famoso por sus playas y sus festivales. Pero basta pasar un par de días fuera de la temporada alta para descubrir que su verdadera personalidad aparece cuando el ritmo se ralentiza.

Entonces es cuando cobran protagonismo sus villas centenarias, los senderos que ascienden hacia el Desert de les Palmes, los paseos junto al Mediterráneo, la cocina elaborada con producto local y hoteles históricos como el Voramar, que forman parte de la memoria de la localidad desde hace casi un siglo.

Porque hay destinos que solo brillan en verano. Y otros, como Benicàssim, simplemente cambian de paisaje para seguir mereciendo la pena durante los doce meses del año.

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Información y materiales de https://turismo.benicassim.es/ y https://voramar.net/

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